La biblioteca que resistió la tormenta
Una tubería cedió de madrugada. Gracias a zócalos elevados, traseras ventiladas y acabados al aceite duro, el mueble se secó sin hincharse ni teñirse. Las espigas permitieron aflojar secciones para revisar sin destruir. Tres visitas, algunos tacos nuevos y cera fresca bastaron para devolverle dignidad. Hoy, el dueño presume no de invulnerabilidad, sino de un diseño que aceptó la realidad: el agua existe, los accidentes también, y un buen proyecto contempla caminos de regreso a la normalidad sin dramas.